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Rutilante, brillantísima es la interpretación que el ruso Arcadi Volodos, en la buena compañía de Seiji Ozawa y la Filarmónica de Berlín, realiza del célebre Concierto nº 1 de Chaikovski. La toma procede de un concierto berlinés de junio de 2002 y posee todo el calor que emana de la situación. El balance orquesta-solista está perfectamente logrado, con lo que podemos seguir adecuadamente el juego de toma y daca, de diálogo, de conversación, en un discurso lleno de acontecimientos y de plenitudes melódicas; envuelto en esa sensual sonoridad, tan característica del compositor. Las briosas octavas, las escalas centelleantes, el canto a la italiana del Andantino no ofrecen problemas para el pianista. Hay que remontarse a las grandes versiones del pasado -Horowitz, Richter, Gilels, Argerich-, en todo caso, de mayor alcance y hondura, para localizar un aliento similar. El disco se completa con siete piezas breves, muy contrastadas, de Rachmaninov, excelentemente tocadas. Notable es la transcripción que el propio Volodos hace de la Polka italiana.