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El Museo Nacional del Teatro inicia otra vida

El centro amplia su capacidad y ofrece múltiples lecturas del arte escénico

Imagen protocolaria de la inauguración del Museo Nacional de Artes Escénicas (MNAE) en Almagro (Ciudad Real). Desde la izquierda, la cantante y actriz Ana Belén; el presidente de Castilla-La Mancha Emiliano García-Page; el rey Felipe VI; el ministro de Cultura Ernest Urtasun, y el actor Pedro Casablanc.

Tras dos años de remodelación y ampliación, el Museo Nacional del Teatro reabre sus puertas en la localidad de Almagro (Ciudad Real) con el nombre de Museo Nacional de Artes Escénicas (MNAE). Este centro se fundó en 1919 y ha sido reinaugurado en varias ocasiones. La última, este jueves para hacerlo coincidir con el Día Mundial del Teatro. En esta ocasión se presenta con una identidad diferente, tras una profunda reforma arquitectónica y con un nuevo plan museográfico.

El nuevo centro pertenece al Instituto Nacional de las Artes Escénicas y la Música (INAEM), organismo autónomo del Ministerio de Cultura, cuya directora, Paz Santa Cecilia, asistió al acto, junto a otros profesionales al frente de unidades de producción de este departamento como Alfredo Sanzol (del CDN), Muriel Romero (también del CND), Laila Ripoll (de la CNTC), Isamay Benavente (del Teatro de la Zarzuela) y Marina Bollaín (del CDAEM).

El acto de apertura estuvo presidido por el Rey, junto al ministro de Cultura, Ernest Urtasun, el presidente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, numerosas autoridades de diversos ámbitos y muchos representantes del ámbito cultural. Tras una visita por todas las dependencias, los actores Ana Belén y Pedro Casablanc abrieron el acto con la lectura del discurso oficial del Día Mundial del Teatro escrito por el griego Theodoros Terzopoulos. Junto a ellos, otras muchas caras conocidas, como Humberto Cornejo, Irene Pardo (directora del Festival de Almagro), la directora Helena Pimenta, el iluminador Juan Gómez Cornejo, los dramaturgos Lola Blasco y Jesús Campos, el productor Jesús Cimarro, la teatróloga Cristina Santolaria… Y con una notable ausencia de actores catalanes.

Todos ellos han recorrido el espacio, guiados por la directora del museo, Beatriz Patiño, y el comisario Ángel Roger, quienes han mostrado algunas de sus piezas más destacadas, entre ellas, figurines, maquetas, bocetos, fotografías, carteles, maquinaria teatral y vestuario de diferentes épocas. El nuevo museo del Ministerio de Cultura surge tras una reestructuración del antiguo Museo Nacional del Teatro (que inauguraron los padres del actual rey en 2004). Se trata de un centro que puso en pie el investigador escénico Andrés Peláez, quien consiguió convertirse con los años no solo en el director de un museo estatal europeo que más años permaneció en el cargo, sino también en una de las profesionales más prestigiosos del mundo escénico.

Un momento del acto de la inauguración del Museo Nacional de Artes Escénicas (MNAE).

Las obras de adecuación han permitido aumentar en más de 400 metros lineales (se entiende que de paredes expositivas) lo que ha posibilitado que haya 300 objetos relacionados con el teatro, la danza, el circo y la lírica, desde el siglo XVI hasta la actualidad, expuestos al público, lo que convierte a este centro de conservación y exhibición de patrimonio escénico en el más importante de España, sin olvidar que el MNAE ha conseguido reunir más de 17.500 objetos que están celosamente guardados. De hecho, solo se puede exponer bastante menos del 1% de lo que es el depósito de este teatro.

En esta renovación se han sumado 28 adquisiciones de los dos últimos años, entre ellas, compras y depósitos, y cuatro piezas pertenecientes a sus fondos que expone por primera vez. Aunque también han sido retirados algunos objetos que gozaban de fama en este museo. Entre ellos varios pertenecientes a la sección que popularmente se conocía como “la casquería”. En ella estaba el corazón del gran tenor Giuseppe Anselmi (uno de los primeros patrocinadores del museo) y la tráquea del tenor Julián Gayarre, que permanecían juntos por deseo de ambos. El museo tiene las mascarillas mortuorias de Antonio Buero Vallejo y Jacinto Benavente, así como las cenizas de Andrés Mejuto y algún que otro actor. La directora del museo, Beatriz Patiño, expresó que no se podían exponer debido a la Carta de compromiso para el tratamiento ético de restos humanos en los museos estatales, que afecta a los 16 centros que dependen del Ministerio de Cultura. Esa Carta la publicó el ministerio el pasado 23 de febrero y en ella se fija como “principio general la no exhibición pública de restos humanos”.

En principio la visita se plantea como una cronología inversa que empieza en el siglo XXI y va hacia atrás, hasta el mundo escénico grecolatino, pero también agrupa diversas salas por temática de diferentes épocas. Aunque al tratarse de un arte efímero, resulta difícil mostrar material anterior al siglo XIX que no sea obra pictórica, cartelería y de vestuario. “Vemos también entrelazados territorios que han sido compartidos desde Grecia hasta nuestros días”, comentó Ángel Roger, que recuerda que en torno a Eurípides han confluido muchas Medeas españolas como Margarita Xirgu, Núria Espert (en varias ocasiones), Ana Belén, Blanca Portillo, Aitana Sánchez-Gijón….

La nueva concepción museográfica invierte el orden temporal en el recorrido, que arranca en el siglo XXI, para pasar, en su planta baja a la Transición, con protagonismo para los teatros nacionales y los festivales de España, además del teatro independiente, la República, la Guerra Civil y la posguerra, en la sala La Edad de Plata: Lorca, Luna y sangre. Valle-Inclán, espejos y esperpento.

El recorrido sigue con las primeras décadas del siglo XX, en las que recorre los cuplés, las variedades, las frivolinas y las suripantas, y continúa en la primera planta del edificio por el siglo XIX, que abre la sala Naturalismos, historicismos y realismos. Este espacio deja paso al Romanticismo, la Ilustración y el rico siglo XVII. La segunda planta propone al visitante una mirada a fenómenos diversos que abarcan desde el siglo X, con el Auto de los Reyes Magos, al XIII, con Las siete partidas de Alfonso X, y salta a La Celestina, Tirant lo Blanc o El libro del buen amor, para llegar hasta el auto sacramental del siglo XVII. Finalmente, el recorrido propone en sus últimas salas un estudio de la naturaleza puesta al servicio de las artes escénicas a través de los cuatro elementos.

Dramaturgia con imágenes

Se han incorporado 15 vídeos, uno por cada sala, realizados por Álvaro Luna, conocido especialista en estas lides escénicas, con el fin de que no solo haya materiales diversos, sino generar una dramaturgia con las imágenes que nos permite triplicar el contenido de la obra expuesta. Además, el diseñador de luz Juan Gómez Cornejo ha creado una pieza escultórica y lumínica en la que reflexiona sobre sus trabajos para el desaparecido director de escena esloveno Tomaž Pandur, muchos años afincado en España. Ver este renovado espacio posibilita que sea disfrutado por especialistas, investigadores, estudiosos y aficionados, al tiempo que tiene una lectura más accesible y fácil para aquellos descubridores primigenios del arte escénico en las más variadas vertientes.

La colección permanente del MNAE está constituida por la existente del antiguo museo, que ha sido reordenada de acuerdo al recorrido propuesto, e incluye piezas como una loa perteneciente al auto sacramental Andrómeda y Perseo, de Calderón de la Barca (siglo XVIII), las ediciones de la Encylopédie, el célebre Diccionario de Diderot y D’Alembert, diferentes obras del taller de Giorgio Busato (1885-1895), los bocetos de Salvador Dalí para Don Juan Tenorio (1949), o una maqueta del Misteri d’Elx (1946).

El MNAE ha reincorporado además a los fondos del museo piezas como el retrato de la actriz María Guerrero, pintado por Vázquez Díaz (1933). Algunas piezas nuevas en la colección permanente, que han sido adquiridas, depositadas o que se exponen por primera vez en el museo, son la blusa de baile y botines de copla de Miguel de Molina (entre 1930 y 1960); un traje corto de repertorio del bailarín Vicente Escudero (1955); la colección de pintura de Victorina Durán; o el cuadro El bufón del rey, de Germán Álvarez Algeciras (1876), que aporta a la colección el único ejemplo de teatro cortesano.

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