‘Cónclave’ (la película) se puede parecer al próximo cónclave (real)
El filme está bien documentado y todo lo que ocurre es plausible, salvo algunos giros, pero sobre todo retrata con acierto los dilemas que atraviesa la Iglesia católica ahora mismo

Un cónclave es un acontecimiento muy de película, con el inconveniente de que nunca nadie ha estado ahí dentro para verlo, salvo los cardenales de la Iglesia católica, que tienen que guardar el secreto de lo que allí pasa. Por eso, aunque luego muchas cosas se acaban sabiendo, hay que inventárselo todo. Cónclave, la película de Edward Berger que con ocho candidaturas es una de las favoritas este domingo en la ceremonia de los Oscar, se lo inventa bien. Está muy documentada, es muy precisa en los detalles y, sobre todo, lo que cuenta, salvo algunos giros, es plausible. Es más, retrata con bastante acierto lo que está pasando en la Iglesia ahora mismo, los dilemas que afronta y puede estar contando cómo será más o menos el próximo cónclave, llegue cuando llegue, algo que la salud del Papa ha puesto muy de actualidad. Robert Harris, en cuyo libro está basada la película (como ocurrió con El escritor o El oficial y el espía, ambas dirigidas por Roman Polanski), siempre trabaja con rigor.
En Italia, la crítica del diario de los obispos italianos, Avvenire, no fue del todo mala, admitiendo que era un buen producto y tenía reflexiones interesantes, aunque señalaba que “es imposible no sonreír ante ciertos personajes o situaciones que, sobre todo a ojos de los espectadores italianos, se arriesgan a parecer involuntarias parodias”. Algún cliché hay, pero son matices. Sin destripar nada de la historia, se pueden enumerar aciertos y detalles exactos.
El protocolo de la muerte del Papa, los ambientes y todos los rituales y mecanismos en general de cómo se organiza el cónclave son muy correctos, porque la verdad es que está todo muy reglamentado. Lo menos verídico son los espacios: en el filme la residencia donde se alojan los cardenales parece más distante de lo que está en realidad, y más grande, cuando lo cierto es que el Vaticano, como se sabe, es muy pequeño. Los cardenales se alojan a un lado de la basílica de San Pedro y la Capilla Sixtina está al otro, se desplazan en autobús por comodidad.

El momento de la acción es intemporal, pero está muy pegado a la actualidad de ahora mismo. Hay un detalle muy preciso: el Papa de la película no muere en el palacio apostólico, sino en la habitación de una especie de hotel dentro del Vaticano, y así es como vive Francisco, y solo él, es el primer Papa que lo hace, en una suite de la residencia de Santa Marta (concretamente la 201, segundo piso, 90 metros cuadrados). La referencia es muy clara. Así como otras que se refieren al personaje del Papa fallecido: que ha emprendido muchas reformas, que ha intentado limpiar la Curia, que tenía la oposición furibunda del sector conservador. Hasta la crítica de que en realidad solo sustituyó una burocracia por una corte paralela con idénticos vicios y problemas se le hace ahora a Francisco. Se tocan, por lo demás, problemas muy reales, y algunos aún poco conocidos como el abuso de monjas por parte de sacerdotes.
Aparece una figura ya en desuso, pero exacta: el denominado cardenal in pectore, que es el que nombra el Papa, pero sin revelar su nombre, por razones de seguridad. Ocurría con obispos del Este de Europa durante la Guerra Fría, o de China hasta hace unos años. El último en recurrir a esta fórmula fue Juan Pablo II, en cuatro ocasiones. Y lo curioso es que del último, en 2003, nunca se supo el nombre, porque Wojtyla falleció en 2005 y se llevó el secreto a la tumba, no lo aclaró en su testamento. Se llaman in pectore por eso, porque el nombre lo guarda el Pontífice “en su pecho”.
Otro personaje bien traído es el del protagonista, magníficamente interpretado por Ralph Fiennes, que es el decano del colegio cardenalicio y en el periodo de sede vacante es una de las máximas autoridades, y quien dirige el cónclave. Aunque en el próximo, por ejemplo, el actual, Giovanni Battista Re, no puede participar porque tiene más de 80 años, límite para entrar en la Capilla Sixtina. Le sustituirá el cardenal más anciano que aún no tenga esa edad.

El desarrollo del cónclave en la película se parece al de 1978, y es probable que suceda algo similar en el próximo, dada la complejidad de la situación. Dos grandes bandos, progresista y conservador, chocan sin llegar a tener ninguno los dos tercios necesarios de los votos, y queman sus candidatos. Entonces deben buscar un nombre de consenso, que a veces puede ser inesperado. Es lo que pasó en 1978 con Juan Pablo II, arzobispo de Cracovia. Se prevé que en el próximo ocurra algo parecido, hay una gran división interna. Aunque en la película la distinción de bandos es algo esquemática, en aras de la comprensión, la animosidad entre ambos en este momento es acusada. También es cierto el choque entre los nostálgicos de un papa italiano o europeo, y una Iglesia globalizada que ya es mayoritaria. De hecho, en el próximo cónclave habrá más cardenales y países que nunca, con probabilidad para sorpresas y nombres desconocidos.
En la película, por motivos narrativos, se salta de la muerte del pontífice al inicio del cónclave, pero en realidad en los días previos los cardenales mantienen asambleas, las llamadas congregaciones generales, donde intervienen, debaten y se dan a conocer a sus compañeros. Es entonces cuando se van fraguando los candidatos, no tanto a última hora, sobre la marcha.
Los personajes son complejos, y en general se percibe la verdad de ese dicho romano de que quien entra de Papa sale de cardenal. Es decir, que quien lo quiere ser o se cree que puede serlo, luego no lo es. Es muy veraz la búsqueda y el intercambio de información, a veces malintencionada, sobre el pasado de un posible candidato, por si tuviera trapos sucios, y sobre su salud, para calcular lo que puede durar. Lo ha contado el propio Bergoglio sobre el último cónclave, porque corría el rumor de que estaba tocado de salud, y fueron a preguntarle. El Papa, además, como se ve en el filme, puede despojar a un cardenal de su derecho a entrar en el cónclave, y Francisco ya lo ha hecho con algunos, como Angelo Becciu, implicado en un escándalo financiero. En cuanto al ambiente conspirativo de la Curia, las mismas noticias de los últimos años ya han dejado claro que cualquier ficción se puede quedar corta.
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