Mujeres, bordes
Buen arranque el de la serie Con dos tacones (TVE-1), que, presentada a continuación de los nuevos capítulos de la célebre Mujeres desesperadas, convierte la noche del jueves en un gran fresco femenino exento de jabón, discriminación positiva y cuotas paritarias. Las cinco protagonistas de Con dos tacones (ya el título es afortunado) llevan todo el peso de la acción, tienen edades y ocupaciones distintas pero no inferiores a las de sus parejas masculinas, están al menos dos de ellas a punto de un ataque de nervios permanente (la palabra de moda desde el miércoles), y pueden ser igual de bordes que los hombres, lo cual nos tranquiliza mucho como espectadores del primer sexo. (Hablando, por cierto, de chicas malas y al borde: ¿qué pasa con la serie Mujeres, producida para TVE por los Almodóvar y Mediapro, que, ya completada, no se emite?).
En el capítulo inicial, de una hora y media de duración, vimos un ritmo picado y ágil de comedia, graciosas ironías autorreferenciales (en las escenas de los dos programas de televisión basura Mi vida da asco y De tripas corazón) y unas excelentes interpretaciones, entre las que destacan las de Jordi Bosch (el secuestrado marido infiel), Rosario Pardo, luciendo y no escondiendo, como debe ser, su acento andaluz con ribetes, creo, jienenses, y Lorena Berdún, que me pareció más convincente como psicóloga de ficción que como sexóloga de telerrealidad. Con dos tacones tiene un reparto en general muy bien hecho y sobre todo refrescante, en el que, si las cosas no se tuercen en episodios posteriores, parece asegurado que podremos librarnos de las consabidas gracias de, por ejemplo, Javivi, o las payasadas de la sempiterna Anabel Alonso.
Dos peripecias en particular marcaron lo más atractivo del capítulo del pasado jueves: el del choque de coches, rivalidad política y declaración simultánea por inalámbrico de la asesora y el asesor, y la sostenida situación del secuestro de los adúlteros, que atrae a la casa a la mayoría de los personajes y los enlaza.
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