Los últimos ‘whatsapps’ de los muertos de la dana: “Tengo miedo. Quiero estar toda la vida contigo”
Decenas de familiares de víctimas entregan a la jueza de Catarroja los registros de llamadas y mensajes que recibieron de sus familiares fallecidos durante la riada

Victoria Sánchez estaba en Valencia cuando recibió el último mensaje de WhatsApp de su marido: “Tengo mucho frío y miedo. Quiero estar toda la vida contigo. Adiós”. A sus 62 años, Cándido Molina se despedía así de ella para siempre el pasado 29 de octubre, cuando la provincia fue sacudida por la mayor catástrofe natural de su historia: la dana que dejó 227 muertos y un reguero de destrucción.
El marido de Victoria se encontraba en compañía de sus dos perros en su casa rústica con huerta del municipio valenciano de Cheste (8.962 habitantes), donde nace el fatídico barranco del Poyo, escenario de la catástrofe, cuando emitió su último mensaje. Lo envió a las 20.10, justo cuando la Generalitat accionaba el botón rojo de la alerta a móviles para avisar a la población de la magnitud de la tragedia. Y cuando, como Cándido, decenas de personas estaban al borde de perder la vida a causa de las rabiosas aguas.
El cuerpo de Cándido apareció dos días después, pero la identificación tuvo que aguardar más de una semana. “Estuve 10 días buscándole. Recorrí decenas de kilómetros”, se queja su viuda, que este miércoles ha declarado ante la jueza de Catarroja (Valencia) Nuria Ruiz Tobarra, que investiga penalmente la dana. Y, como la decena de víctimas y testigos que han comparecido en los últimos dos días ante la magistrada, ha entregado sus registros de llamadas, mensajes de WhatsApp, audios y vídeos registrados el día de la riada.
Sostiene Victoria que las últimas horas de su marido —la tarde de la dana se cruzó con él cuatro llamadas entrecortadas y tres whatsapps— se transfiguraron en un amasijo de desesperación y angustia. La tensión se disparó cuando su pareja, atenazada por los nervios, trató de salvar su vida subiendo a la parte más alta del edificio. “Vio como el coche se lo llevaba el agua, las estanterías se caían a trozos. Estaba acorralado. Sin salida. Pedía socorro”, musita.
Victoria señala al president Carlos Mazón como el principal responsable de lo que le ocurrió a su marido. “Solo queremos justicia. Mazón es un mentiroso. [...]. No es bueno ni honrado. Me da igual que venga a por mí. No le tengo miedo”, reta la viuda con la mirada fija antes de entrar en el juzgado.
Pese a que, a su juicio, la Generalitat ha ideado una estrategia para dividir a las víctimas, Victoria cree que nadie la doblegará. “Aunque tenga que ir con un pañal y tacatá [al juzgado], no voy a parar hasta que este tío y el resto de los culpables lo paguen”, advierte.
La viuda atribuye a Mazón —que se ausentó entre las 14.30 y las 20.28 horas de la aciaga jornada— una dejación de funciones. “Abandonó el barco para irse al restaurante El Ventorro. Me da igual dónde estaba [la tarde de la dana], como si participó en una cama redonda. Lo importante es donde no estuvo”, se queja. “Han matado a bebés, madres, ancianos, niños... Es un sinvergüenza”, añade esta mujer, que recuerda que la Generalitat manejaba información previa sobre las lluvias torrenciales procedente de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). “Todo el mundo lo sabía. Él, también”, zanja emocionada.
A las puertas de la Ciudad de la Justicia de Valencia también ha acudido este miércoles emocionada Yolanda Garrido. La riada se llevó a su hermano, a su cuñada y a su sobrino de cuatro años. Una ola sepultó el coche en el que viajaban en Aldaya (34.035 habitantes), donde las lluvias rebanaron la vida a seis personas. “Quiero saber qué ocurrió el 29 de octubre. Están haciendo campañas políticas con nuestro dolor. Queremos que salga la verdad. [...] Esto ha sido un infierno. Han asesinado a cientos de personas”, concluye.
Garrido ha acudido a declarar flanqueada por dos abogados de la asociación Liberum, que ejerce las acusaciones particulares y populares en esta causa que investiga homicidios y lesiones imprudentes, que se castigan con hasta cuatro y tres años de cárcel, respectivamente. Desde que arrancó la instrucción judicial, más de 110 testigos —la mayoría familiares de fallecidos— han pasado por el despacho de la jueza Ruiz Tobarra. La magistrada les ha requerido los mensajes, audios y vídeos con los que se despidieron la aciaga jornada de los seres que más querían.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.
Sobre la firma
