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COLUMNA
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Lo de Ghibli no es ‘fanfic’; es expolio

Nadie en OpenAI le ha pedido permiso para utilizar décadas de trabajo artesanal en favor de Dios sabe qué fines. Ahora, el estudio japonés brega con una de esas empresas que prefieren pedir perdón antes que permiso

La revuelta IA
Jimina Sabadú

El término fanfic viene de fan fiction, y se refiere a relatos elaborados, por y para fans, alrededor de un universo imaginario concreto, ya sea Harry Potter, Ranma ½, El señor de los anillos, Star Trek, etcétera. Hablamos de dojinshi cuando nos referimos a cómics y animaciones de una serie concreta, aunque técnicamente un dojinshi es una autopublicación. La mayoría de estas creaciones giran en torno a relaciones sentimentales o sexuales entre varios personajes de esos universos, y vienen motivados por el deseo de los fans por una dinámica que no se ha dado en la serie. El fanfic es una galaxia en la que sabes cuando entras, pero no cuándo sales. Tiene que ver con una relación emocional y vívida entre un lector y una obra y, por lo general, es muy poco coherente con el universo en el que se ubica, pero muy satisfactorio para su público objetivo.

Los autores no suelen tener nada en contra de los fanfics, aunque hay excepciones como Annie Proulx, quien definió como “una fuente constante de irritación” el fanfic pornográfico que recibía en torno a Brokeback Mountain. Proulx, autora espartana como pocas, estaba harta de que le remitieran aquellos remedos de su obra.

Quienes hacen fanfic lo hacen sin ningún interés ulterior. Ahora que tenemos varias IA disponibles, he visto a gente cercana pedirle a Chat GPT que escriba fanfic por ellos. Las historias, completamente planas, no tienen más gracias que la sorpresa inicial, como un espirógrafo no tiene más encanto que el ruido que hace al moverse. La moda de la semana con la IA ha sido la creación de ilustraciones con el estilo del Estudio Ghibli, y en cinco días ha pasado de ser novedoso a estar más quemado que la pipa de un jipi. Ghibli es la empresa de Hayao Miyazaki e Isao Takahata, y los derechos de sus obras están vigentes. De hecho, Miyazaki sigue vivo, viendo el expolio de su obra. Nadie en OpenAI le ha pedido permiso para utilizar décadas de trabajo artesanal en favor de Dios sabe qué fines. Ahora en Ghibli bregan con una de esas empresas que prefieren pedir perdón antes que permiso. Los tecnoentusiastas pensarán que Miyazaki no tiene ningún derecho a pedir respeto a su obra, pero la realidad es que lo tiene.

Lo del fanfic ha sido divertido siempre. Lo del rodillo sobre la propiedad intelectual ajena, sin embargo, habría que pensarlo un poco antes.

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Sobre la firma

Jimina Sabadú
Columnista en la sección de Televisión. Ha colaborado en 'El Mundo', 'Letras Libres', 'El Confidencial', en programas radiofónicos y ha sido guionista de ficción y entretenimiento. Licenciada en Comunicación Audiovisual, ha ganado los premios Lengua de Trapo y Ateneo de Novela Joven de Sevilla. Su último libro es 'La conquista de Tinder'.
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